Santiago Atitlán/3 No podía dormir aun dentro del sueño. Recordé, que tan solo doce días antes, había soñado que estaba preso. Y es una porquería estar encarcelado, más por la sombra tan majadera, que ya el afecto de la inexperiencia se nota a leguas. El sueño lo logré escribir y es este: Soñé que entraba a la cárcel. Nunca supe el delito. Vi los vidrios rotos y sucios, a donde la luz se dirigía. Yo estaba sentado en una cama y platicaba tranquilamente con un compañero de celda. La sábana, recuerdo a medias, se notaba bastante usada, pero limpia al menos. Gradualmente, al ver esta revelación, se fue apoderando de mí un terror que me conmovió con una fuerza inexplicable. Mi libertad agonizaba hasta la muerte. Podía sentir sus últimas convulsiones, su pálida mirada, su irrevocable resignación a dejar de ser algo vivo en mí mismo. Entonces cerré los ojos, ore por ella y me quedé dormido. Al despertar, aún dentro del sueño, agradecí que estuviera en mi cuarto y la rev...