San Juan la Laguna/2

 

San Juan la Laguna/2

Juntaste cartones y te dormiste a medias. En plena madrugada de hielo, entró alguien. Vos, con la cabeza cubierta no viste quién era. Oíste que peleaba con los policías pidiendo su teléfono. ¡Mi celular!, gritaba. Lo callaron de nuevo con amenazas, le iban a dar verga y a meterlo en una pileta gris de concreto, para su baño de recibimiento. Al fin, un guardia penitenciario se acercó a la única puerta con barrotes de grueso calibre y los cayó a todos de un grito sanguinario.

El silencio y la oscuridad de nuevo se fueron volviendo sueño y el sueño superó al helado rincón en el que dormías. No soñaste nada. El compañero de la par, no podía estarse quieto de la angustia y, maldecía a cada vuelta que daba sobre los cartones, hablando solo. A momentos llegaste a creer que ibas a merecer un golpe en cada retorcijón y malas palabras, con un mal sueño, de una infernal experiencia. En realidad, vos estabas igual por dentro, aunque por fuera aparentaras calma.

 

 

 

Pienso ahora en esos désignés ligados al nombre de los apóstoles y pueblos: Pedro, Santiago, Tomás, Juan, Andrés: la laguna. Que en realidad, no son doce evangelistas alrededor del lago, como se cree, sino solo cinco, y Andrés no se cuenta, ya que se trata de una finca. Así que nos quedan solo cuatro. Además, anotando, que San Juan es por Juan el Bautista…, nos quedan tres.

El termino la laguna, debió utilizarse cuando el lago iba llenando el barranco. Entonces sí que era una laguna verdadera. Una lagunilla anterior que bien podría ser pequeña y conocida nada más que por los Tz'utujiles, que habitaban el lago Atitlán. No el lago de ahora con forma de árbol, al que Aldous Huxley describiera en su libro Más allá de la bahía de México: Lake Como, it seems to me, touches on the limit of permissibly pictures que, but Atitlán is Como with additional embellishments of several immense volcanoes. It really is too much of a good thing.”[i] Y se nota que quería escribir en español lo antes posible, por las pocas palabras en nuestro idioma inmersas en su texto.

Von Humbolt, otro gran naturalista alemán, fue el que efectivamente explicó lo siguiente: “the most beautiful lake in the world,"[ii]. Recuerdo, que en San Pedro, nos fuimos más allá del pueblo, siguiendo la rivera y encontramos unas piedras enormes que llegaban hasta el lago, allí debajo de ellas uno podía dormirse siendo arrullado por las olas y recibir el mejor masaje de todos, que ningún Spa dará jamás. Además de recolectar caracoles y jutes, tres peces que nos vendió un pescador artesanal, para cocinar sopa y mojarras en las brasas, allí mismo en las piedritas. Ahora, ya maduro el lago sigue creciendo y enviando sus vibras de irradiación y frescura. Los pobladores se están organizando y, en tan solo unos meses, el lago ha vuelto a lo que era antes. Yo mismo lo vi. Alevines que llenan las orillas y prometen caza para los madrugadores marineros de agua dulce y, la claridad viva, que deja ver al fondo las vasijas de Samabaj. 

Tardamos caminando, un poco más de media hora en su camino nebular, de piedras verdes trituradas, cortando jocotes y duraznos de los árboles de al lado. Ni tuvimos que sentarnos a descansar. El camino no es largo y uno pronto reconoce el pueblo en una vuelta. El lago siempre se ve desde lo alto y luego uno baja como rodando por la ilusión del polvo que levantan los armatostes con ruedas. Es la primera vez que estoy en San Juan y reconozco que tarde mucho en llegar. Todo es arte. Hay murales de artistas locales en la calle Chi Nima Ya´.

Me quede viendo un mural en una pared y en seguida, de una tienda salió la artista a saludarme en persona. Nos invitó a pasar y vimos a un pintor local dar los últimos retoques a un cuadro. Galerías que reciben la visita de millones de aves y turistas, también del viento que gira en torno al lago azul que canta y respira.

Almorzamos en una tortillería, una comida de arroz amarillo con menudos de pollo, tortillas negras, blancas, rojas, azules y amarillas, y todo por tres quetzales. Era un milagro de San Juan el Bautista frente a la iglesia. Por el camino al lago, me desvestí y empezamos a pensar en otras cosas. Eso de prohibir el plástico fue extraordinario. Hasta los lancheros están en contra de que la gente estorbé esas reglas. Sobre todo el duroport, que lo vi flotando en cantidades en otras épocas.

Ya hoy, menos Hydrilla verticillata, alevines de lobina negra y carpa gitana, de tilapia común, sirica y cangrejos pantagruélicos en el centro del cielo-espejo. Muelles centenarios, esos muelles que sostienen el lago que el lago detiene, que hizo famoso un fotógrafo niño que pensó que aquello era la imagen del adiós hasta pronto nos vemos y, los volvió extranjeros hermanos por todo el mundo. Sonido de ruido cristal, dulce de menta, un ir y venir de miel blanca, ruido de palos contra el agua, ruido del agua contra el cielo, ruido de motores, aire que se escapa y fluye, el alivio de todo odio de la piedra pulverizándose en cada golpe tierno de la espuma de la orilla, hasta el átomo de silicio que se vuelve estrella de noche y agua de día. Y mis pies allí hasta el fondo, al fondo con el agua. Un tratamiento de alivio, medicinal es poco para el latir del lago espejo de montañas, alivio de centros creciendo, formidables olas micro y macro, el lago verdeazul, el lago negroblanco, agujeta de tiempo y del ritmo de otro ritmo, el pulso de algo vivo y ascendente.

Los lancheros, ya amigos nuestros, arrancaron su motor Mercury 15 Hp 4 Tiempos. La tiburonera avanzó a toda velocidad, con su fuera borda a toda marcha. A los pocos minutos Ana se bajó de la popa, o mejor dicho, la bajaron los golpes de las olas contra sí, que hizo reír a todos en la embarcación por el rebote. Yo me sujeté del cable con que ajustan la lancha al muelle y como si fuera mi alazán, empecé como siempre galope a galope, a tomar nota de todo lo que miraba, metiendo la mano al agua helada con ganas de rociar a todos los de atrás.

El rumbo de la lancha: Santiago Atitlán.



[i] https://www.atlasobscura.com/places/lago-de-atitlan

[ii] https://www.quora.com/Where-did-Alexander-von-Humboldt-write-about-Lake-Atitlan

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